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Hospital General de Agudos "Ramos Mejía"
Servicio de Psicopatología y Salud Mental

- Ciclo de Conferencias -
Problemas de la praxis
Ciclo de Urgencias

Urgencia y pubertad

Patricia Factorovich (1)

P. Ramos: Bueno, continuamos con el ciclo de urgencias y una vez más tenemos a Patricia Factorovich, en esta casa, para trabajar con nosotros. Patricia es psicoanalista, supervisa en el Equipo de Adultos de este hospital, además de otros hospitales. Es directora de "Tramas: Encuentros Psicoanalíticos" y le pedí que trabajara especialmente desde el punto de vista de la urgencia, alguna articulación a la pubertad. ¿Qué podríamos pensar, si hubiera algo específico, qué podría ser y cómo podríamos ubicarnos ahí respecto de lo que es la urgencia en tiempos de pubertad, en tiempos de adolescencia? Bueno, adelante.

P: Factorovich: Gracias Patricia.

Bueno, para hablar un poco de las urgencias en la adolescencia o en la pubertad tenemos que hacer, aunque sea, un mínimo acuerdo respecto de la definición de adolescencia y de pubertad. Yo voy a tomar la misma que tomé cuando hablé, en esta misma aula pero en el espacio del Seminario sobre el tema de los duelos en la pubertad.( 2)

Voy a preferir el término pubertad al de adolescencia ya que adolescencia es un concepto más sociológico, es ese momento de la vida donde hay una serie de anticipaciones respecto de cuestiones sociales, laborales y relativas a la independencia. Digo anticipaciones porque hay que hacer elecciones que todavía no se ponen en funcionamiento y todo esto, está descrito muy bien por los sociólogos. Para puntuar más precisamente el campo psicoanalítico lo vamos a llamar pubertad tomando en cuenta el nombre que usó Freud en "Tres ensayos..."

Definimos entonces a la pubertad como el momento de reedición del Complejo de Edipo. Hasta acá, Freud. En términos de Lacan podemos decir que es una nueva vuelta por el ocho interior, es un nuevo pasaje con relación a la alienación y a la separación de los significantes que vienen de los Otros primordiales. Es un momento de verificar la apropiación o no de los ideales, del deseo y, como si esto fuera poco, es el momento de constitución de la escena sexual. Cuando digo constitución, para que no entremos en discusiones al respecto - porque sino nos vamos a ir del tema de la urgencia- más allá de si las cuestiones fantasmáticas se constituyen en la infancia o en la adolescencia, digo que lo que está clarísimo es que en la pubertad se empiezan a constituir las variantes individuales de la escena sexual. Hablar de escena sexual, todos lo sabemos, supone también hablar de cuestiones en relación con la muerte, supone la repetición del origen de la escena –primaria- que les dio origen, pero en un lugar activo, en otro lugar del triángulo edípico.

Digo que supone cuestiones con relación a la muerte porque sabemos que toda génesis implica: ¿dónde estuve yo antes de estar? Y... antes de estar no estuve. Realmente, implica cuestiones de la muerte, van siempre juntos la vida y la muerte en ese punto.

Bien, ¿más o menos acordamos en eso?. Cuando Patricia me sugirió el tema de las urgencias en la pubertad enseguida me vino una imagen, la de una secretaria. De todos los años que estuve en el Lanús ( 3), que fueron como ocho, evoqué a la que era y sigue siendo la secretaria de ese servicio: la señora Flito. Cada vez que había una reunión del equipo de adolescentes, golpeaba a la puerta y decía: "hay una urgencia" . Ella las dividía en dos partes: Si era un joven que venía acompañado de su mamá, de su papá o solo y que estaba muy angustiado por algo, ella decía: "Bueno, si está tan angustiado pero pudieron esperar tanto pueden esperar un rato más, así que ustedes terminen su reunión y después vean si lo atienden o dónde lo ponen". Y había para ella un segundo tipo de urgencias: cuando aparecían rodeados del ginecólogo, el neurólogo, la maestra, que los mandaba por algo muy urgente. Digamos, rodeados de otras personas que hablaban por ellos y decían cosas terribles que habían ocurrido. En ese caso ella decía: "¡atiéndanlos, atiéndanlos!", ella lo tomaba eso como una verdadera urgencia.

Entonces, en esta etapa de la pubertad tenemos una primer pregunta que es: ¿urgencia para quién? Porque tenemos la cuestión de los padres, los chicos no son responsables ante la ley por sus cuestiones, los padres sí son responsable de los chicos. Por ende, están los padres, entonces están las urgencias. En ese punto hay que hacer una primera discriminación.

Además, en relación con las urgencias también podemos decir, para hacer un cuadro de múltiple entrada, que están las urgencias con relación a cada estructura neurótica. Puede hacer descompensaciones psicóticas, perversas. Y también dentro de la neurosis, descompensaciones histéricas, descompensaciones fóbicas o descompensaciones obsesivas (aunque no siempre se pueden hacer esos diagnósticos tan rápido pero bueno, digo, para mencionarlo, aunque no nos vamos a detener en eso, pero al menos para ir armando algún mapa posible de un joven llegando a una consulta en el hospital y en urgencia.)

Entonces, primera cuestión: el tema de las urgencias para quién.

En la pubertad hay tres o cuatro cosas complicadas: el tema del deseo - los deseos -, el tema de la angustia y el tema de los ideales, a grandes rasgos. Vamos a tomar primero el eje de la angustia.

Cuando alguien viene a una consulta angustiado, lo que aparece como urgente es esa misma sensación de angustia, uno podría decir en ese caso, quien llega angustiado es alguien que dice o que siente que "se le acabó el tiempo" o, traducido en términos nuestros, no tiene a disposición los recursos subjetivos para saber qué hacer, para terminar con esa angustia. Alguien que viene en urgencia es alguien que necesita una intervención externa porque solo no puede con esa angustia. (En el caso de que lleguen habiendo tomado pastillas, la urgencia ya reviste otra categoría).

Voy a dar el ejemplo de una chica que vino al hospital con su mamá. La mamá estaba totalmente espantada porque esta chica que era abanderada, excelente alumna, muy buena hija, "todo perfecto". Y hacía dos semanas que no querría ir a la escuela, no había manera de llevarla y no se entendía por qué. Encima, la mamá decía: "tiene una prueba y no está yendo". Para la mamá y para la chica esto era una urgencia.

¿Por qué sí considerábamos en ese momento que era una urgencia? En general, en una urgencia, a veces, con una o dos consultas se pueden separar los campos, acomodar las cuestiones y después todo puede seguir los cursos normales: entrar en la lista de espera o ser atendido como cualquier otro paciente. Pero si alguien dice que algo es urgente, uno tiene que poner la oreja porque esa persona está diciendo que es urgente para ella. En este caso, las cuestiones eran bastantes sencillas, esta chica había robado. Digámoslo así: había robado varios novios a varias amigas, había robado un trabajo que era de varios y ella se lo atribuyó a ella misma y, como gozaba del beneplácito de todos los adultos de la escuela, le creían a ella y no a los demás, y las compañeras "se la tenían jurada". Ella no sabía qué quería decir esto pero sabía que era algo agresivo y no quería ir a la escuela y, lo que era más complicado, es que no quería que su madre supiera de todo esto porque ella estaba en este lugar de falo para su mamá y de "ser toda prolijita" y no quería que esto se supiera. Estaba en una encerrona subjetiva, al colegio no podía ir pero aceptó venir al hospital a hablar de esto.

En ese sentido me sigue pareciendo interesante que en la Argentina la gente considere, que esté dentro de la idiosincrasia en los argentinos, consultar a un psicólogo... dentro de todas las complicaciones que tenemos eso es una cosa buena. Hay como un acuerdo de que se puede ir al psicólogo a hablar de estos problemas.

Se consideró que esto era una urgencia porque, además, el hospital cumple una función pública ineludible, y estaba el tema del colegio y de las faltas. Se tuvo un par de entrevistas, se blanqueó un poco la situación y después ella fue por supuesto a consulta y la que más se angustió luego de esto, fue su mamá. Se diseñó una estrategia con ella de cómo había que hacer, etc., etc. Y la primera que llegó a análisis fue la madre por esta caída en ella de los ideales que suponía con relación a su hija.

Entonces, estamos con el tema de la angustia. Una cuestión complicada con la angustia es que cuando hay angustia (que es un afecto), muchas veces, lo que hay es una imposibilidad de verbalización especialmente en la pubertad. Entonces ¿qué ocurre? Los chicos se angustian, los padres se dan cuenta de eso y les empiezan a preguntar. No es que los chicos no quieren decir, es que no pueden decir. Eso nos pasa a los adultos también. Cuando la cuestión de la angustia puede ser puesta en discurso y se puede entender de qué se trata, va cediendo. Pero eso arma un bollo muy grande para los padres porque piensan: " no me quiere decir" y se imaginan que debe ser una cosa mucho más tremenda de lo que es, digamos... tienen una versión algo paranoide, ¿no?

P. Ramos: Patricia, el ejemplo hasta podría ser de algo con buen curso, digo en el sentido de que los padres se den cuenta de que está angustiado. Pensaba en cambio en alguna otra situación, en donde el pibe empieza a hacer algún que otro desastre, entonces vienen las sanciones, las penitencias y justamente lo que no dice, da cuenta de que lo que le pasa, es que está angustiado.

P. Factorovich: Sí, ahí voy a eso, pero antes quisiera que se entienda bien cuál es la mecánica de la angustia en general. Porque ¿qué ocurre? Es difícil, la cuestión es poder poner la angustia en discurso pero para eso hay una cuestión previa: que es darle un lugar a la angustia. Cuando en una familia la angustia no tiene un lugar, sea porque los padres se angustian con la angustia del hijo, o porque existe la idea es que eso tiene que pasar rápido; o bien cuando los padres se ponen a decirle que ellos, en el lugar del chico harían esto, aquello y lo otro (por lo tanto le dan un montón de consejos acerca de qué debe hacer, cómo lo haría, etc.), en cualquier caso, cuando la angustia no tiene lugar – y que no tenga lugar quiere decir que es algo que hay que eliminar rápidamente, por ejemplo, cosa que Uds. trabajaron en el seminario del otro año acerca de la angustia ( 4) - el lugar del joven queda arrasado y la angustia se transforma realmente en una urgencia.

En cambio, si hay lugar... bueno, eso quiere decir que la angustia es la angustia, que ya se verá, ya se solucionará... Eso sería un tratamiento medianamente razonable de la angustia. Es decir que la angustia es parte de la estructura, que las angustias pasan, que uno puede hablar, que puede pensar, etc. De hecho, cuando alguien está muy angustiado por algo y viene al hospital, puesto a hablar, se alivia. Me acuerdo de una época en que se hacían muchas anamnésis, se preguntaba todo: cómo había nacido, la dentición, cómo había caminado, gateado y que sé yo... Eso, más allá de sí era útil o no, o para qué, resultaba muy interesante porque alguien que venía re-contra angustiado por algo, se le empezaba a preguntar todo eso e inmediatamente se calmaba un poco. ¿Porqué? Porque eso quiere decir que, desde el otro, esto estaba sancionado como algo sin tanto apuro.

Entonces, como los padres son todavía para los pibes Otros primordiales y significan y sancionan las cuestiones... si los padres sancionan que la angustia es algo que urgentemente hay que sacar, una situación de angustia, se transforma en una urgencia porque no hay lugar en el Otro para eso, ¿sí?

Ahora bien, cuando de eso no se puede hablar y los chicos hacen silencio, la versión más paranoica de esto con relación a los padres es: "acá está pasando algo terrible que yo no me di cuenta". Drogas o cualquier cosa que se imaginen. Y empiezan esas especies de investigaciones detectivescas que los chicos no entienden nada... eso toca la cuestión de los ideales que ahora lo vamos a ver.

Ahora, en el caso que decía Patricia de que no haya registro en la familia de que hay una situación de angustia - lo cual es lo mismo en un punto que lo anterior porque no hay lugar para esa angustia - empiezan a aparecer lo que podríamos llamar acting. Es decir, mostraciones cada vez más intensas para que alguien se avive de que algo está pasando e intervengan.

¿Por qué se hacen de esta manera? Bueno porque no se pueden decir de otras. Se muestra lo que no puede entrar en el discurso, lo que no se puede decir de otra manera.

Bien, sabemos que todas las cuestiones de la sexualidad son un poco traumáticas y no son sencillas de atravesar. Pero tampoco es una guerra mundial (RISAS). Todos las hemos atravesado, con sus respectivas consecuencias pero acá estamos. Eso tiene que tener un lugar en el Otro. Entonces, cuando no hay lugar de ninguna manera - sea porque se lo sanciona como tremendo o porque no se le da bolilla - empiezan a aparecer cualquier tipo de actings: desde tomarse unas pastillas hasta perderse... drogarse, emborracharse e ir a vomitar en el baño... o escaparse del colegio, etc. Lo importante ahí es que haya algún otro que se anoticie de que algo está pasando, es una forma de llamado por la vía de la mostración.

P. Ramos: Patri, evocaba entonces algo a lo que creo que también hay que prestarle atención porque la angustia o sus acting quedan en un lugar denigrado bajo esta forma: " lo único que quiere es llamar la atención", lo cual tampoco deja mucho lugar ni anoticia que acá pasa algo, quiero decir no se trata de ausencia de registro en relación a que lo que le ocurre, ocurre algo y tiene una causa, pero la causa es peyorizada.

P. Factorovich: Si llegaron al hospital es una cosa pero si no llegaron están fritos, porque si hay algún tercero que pueda decir algo, bien, pero si no, eso va a ir en aumento. Ahora bien, cuando eso ocurre podemos encontrarnos con un pasaje al acto. Yo pienso que para los púberes el pasaje al acto es un modo de salir de una escena de la cual ellos no tienen posibilidad de salir, pero la diferencia con otros momentos de la vida es que esa escena es proveída por los demás, porque ellos no tienen la libertad de decir: "ahora me voy de esta casa", "ahora suspendo las peleas entre ustedes", "ahora esto", "ahora aquello", no tienen esa posibilidad. Por eso me parece que los pasajes al acto hay que pensarlos con relación a la escena en la que están metidos y de la cual no tienen posibilidad de salir, son un modo extremo del escape, son un modo extremo de la huída ¿verdad? De hecho, si incluimos también el tema de la angustia, a mí me parece que las internaciones, (salvo casos de brotes psicóticos), no son muy necesarias, por más "grande" que sea la cuestión mientras haya contención familiar, mientras haya otros que a su alrededor le puedan dar el lugar; porque todavía la transferencia más importante sigue siendo con los padres y las internaciones tienen efectos complicados, sociales, de marcas, de estigmas. Si se puede contar en algo con la familia, lo más interesante es intentar dar indicaciones y trabajar ahí sin internaciones.

Pregunta: ¿Cuándo vos hablas, del pasaje al acto en los adolescentes, ¿hacés una diferencia con los adultos? ¿cuál sería la diferencia con un adulto... porque también es un intento de salida?

P. Factorovich: La diferencia yo la quiero situar en el punto donde muchas veces esa escena es una escena armada por otros, donde ellos no tienen posibilidad de maniobrar en esa escena, es una escena impuesta, es una escena que viene del Otro.

P. Ramos: Vos decís que no es una escena en la que el sujeto sea responsable.

P. Factorovich: Exactamente, y eso hace una diferencia con alguien adulto que se provea una escena.

Comentario: Bueno, pero eso arma una diferencia en cuanto a la intervención del analista.

P. Factorovich: Exactamente, eso sitúa la cosa ya en otro lugar.

Vamos entonces a tomar otro aspecto con relación a las urgencias: el tema de los ideales. Yo les decía: estaba la angustia, está la cuestión de los ideales y está la cuestión del deseo.

El tema de los ideales es un tema bien complicado en esta etapa. Es una etapa donde los jóvenes tienen que poder articular sus propios ideales. Los ideales, los significantes, y el deseo vienen de los otros, hay un movimiento de apropiación. Muchas veces las consultas terminan cuando alguien puede decir: "lo que yo quisiera para mí es tal cosa", lo que "yo" más allá de lo que quiere: ella, él, mi abuela, mi tío... Porque muchas veces este espacio es muy difícil de armar en estas familias donde está todo pensado.

Ahora bien, ¿en qué caso la cuestión de los ideales funciona y en qué casos no? ¿Por qué hablo de los ideales? Porque cuando los padres empiezan a desconfiar de su transmisión en relación los ideales (me refiero a cuestiones éticas, de salud, morales, etc.) comienzan a ver en el joven un potencial extraño, enemigo - no se sabe armado dónde- que puede llegar a ser cualquier cosa. Esto se escucha mucho y uno podría preguntarse ¿por qué estas personas si consideran que "esa" es hija de ellos y viene de vivir con una cierta conducta, va a hacer semejantes cosas raras? Esa posición de no confiar en la transmisión de los ideales trae tremendos bollos y tremendos problemas. Porque uno podría decir ¿por qué va a ser un vago, por qué va a ser un drogado, por qué va a ser un delincuente, por qué tendría que pasar por eso? ¿De dónde viene esa idea? ¿No? Uno podría decir. ¿Vino de un zapallo? ¿No es acaso hijo de ustedes?

De repente en la pubertad muchos chicos pasan muchas horas mirando la tele o no haciendo nada o aplastados y bien, eso es un momento necesario para tramitar la angustia, para poder poner en palabras algo de lo que les pasa, para ver si encuentran en otro lado una versión de lo que sienten. Por eso, muchas veces, es preferible pagar abultadas cuentas de teléfono donde ellos hablan con sus pares, y en ese intercambio encuentran algo que les es propio. En esas abultadas cuentas de TE hay una búsqueda de algo, se trata de una necesidad de encontrar algo que nombre eso mismo que les pasa; sea por identificación, o por la función del espejo, o porque el otro le dice algo que los padres no le pueden decir en ese momento.

Entonces, ¿qué pasa? Al joven le está pasando todo eso y del lado de los padres hay un temor de no haber transmitido los ideales. ¿Qué queremos decir con los ideales? Si alguien es trabajador ¿por qué su hijo no va a serlo?. Si a alguien le gusta estudiar, leer, si piensa determinadas cuestiones respecto de la salud, o del cuidado ginecológico – o de lo que fuere - y esto realmente tiene que ver con su deseo (me refiero al deseo de los padres y a su manera de vivir) todo eso va a ser transmitido. Habitados por la desconfianza en relación a esa trasmisión, pueden ver al joven como un extraño absoluto. Se trataría de poder apoyarse en sus propios ideales y en la confianza en esa transmisión - para diferenciarlo de enseñanza, porque no se trata de que le digan: "tenés que leer porque leer es muy bueno", no... es transmitir algo de lo inútil de ciertos goces. Es decir, trasmitir que uno lee porque le gusta leer o que trabaja pero no solamente para ganar dinero sino porque le gusta trabajar y que ahí hay un goce en producir; esa es la transmisión más allá de que uno diga: "hay que hacer esto, hay que hacer lo otro" . Esas indicaciones en cambio pueden ir más bien por la vía del Súper Yo. En cambio, la transmisión cuando está apoyada en el propio deseo funciona. Cuando no, se arman estos bollos.

Otras situaciones de urgencias pueden aparecer cuando los padres empiezan a tener la idea de que estos ideales no han funcionado. Entonces comienzan a pensarse a los chicos como "vagos", "drogadictos", etc., lo cual no da espacio. No permite que por ejemplo los propios chicos piensen: "puede ser que yo sea un poco vago pero, en todo caso, seré un poco vago como yo digo, no un poco vago como dice él". Quiero decir que esa posición de los padres no les permite a los jóvenes apropiarse de esas cuestiones porque se anticipan a la posibilidad de ellos de reflexionar al respecto. Muchas urgencias tienen que ver con esas cuestiones, los padres vienen como detectives, diciendo: "descubrí a él lo que le pasa: es vago., etc.".

Pregunta: ¿Qué pasa en el caso en el que algún padre dice: "no quiero que se parezca a mí o a él / ella".

P. Factorovich: Perfecto, trajiste un ejemplo que permite pensar que cuando alguien tiene un hijo con otra persona, bueno... pasan diferentes cosas (risas) que por otro lado son inevitables. Quiero decir, a veces uno elige a esa persona por algo pero, seguramente, habrá otras cosas de esa persona que a uno no le interesan tanto y lo mismo al revés. Son pocas las personas que dicen: "esta es la madre de mis hijos y acepto todo como es"... no se escucha demasiado eso. Cuando se empieza a notar en el hijo un rasgo molesto, al cual se le atribuye como causa un rasgo de su cónyuge, ahí empiezan otros problemas. Voy a poner un ejemplo: supongamos que alguien decide tener un hijo con un director de teatro que es un hombre muy poético, que la enamoró porque le dijo dos o tres poesías maravillosas y escribe obras de teatro, etc. La mujer, en ese momento tenía unos cuarenta y tres años y él era más grande y no tenía hijos. Pasado el tiempo, este hombre no ganaba dinero, y no ganaba, y no ganaba pero seguía escribiendo obras de teatro buenísimas, muy poético y nace una hija. Ese rasgo que para la mujer fue en principio un rasgo erótico, se empezó a transformar en un pequeño problema. Entonces, se la escuchaba decir que "no trabaja... porque además de no ganar dinero, que eso no sería tanto el problema sino que no colabora cuando el auto se joroba y que no serrucha la mesita de luz cuando la pata se rompe..." y ese tipo de cuestiones que, obviamente formaban parte del perfil del señor "de entrada", pero ahora, eso mismo, a ella la hace sufrir mucho. Agreguemos además que apenas su hija bajaba una mínima nota en el colegio esta mujer se ponía loca, chiflada y no se entendía muy bien porqué. Bueno, ahí está el rasgo del cónyuge que ella imagina: ahí en la hija que baja la nota del colegio... y, esto es complicado porque siempre hay de esos rasgos ¿no? Uno escucha: "como tu padre o como tu madre".

P. Ramos: Pensaba que la alineación no es sólo al significante sino también al goce del Otro. Tal vez la muchachita sea un poco poeta... a lo mejor, y baje algo las notas de matemáticas... Qué sé yo! Pensaba en el caso en donde una paciente estuvo muchos años con un hombre que la golpeaba al punto de terminar en un hospital. Y cada vez que uno de sus hijos se peleaba con un hermano, ella decía que era genético y que el hijo salía al padre, en un discurso que casi hacía signo. Tomando lo que decías, entonces tiene pánico de su hijo en esta transmisión genética del ¿"gen golpeador"?.

P. Factorovich: Por eso digo que esta complicación de ver en el hijo el rasgo del cónyuge que a uno no le gusta trae el problema de que, por ahí, esa chica bajaba esas notas por cosas que le pasaban a ella - tampoco las bajaba tanto, por ahí de ocho las bajaba a seis.

Entonces, ahí, nuevamente se deja ver quién es ese "otro" que está ahí y sigue siendo una pelea con el cónyuge. Ahí hay que confiar también en que la estructura edípica permite relativizar las cuestiones de los padres. Por ejemplo, en el caso que les cuento, este hombre hacía poesía y no trabajaba, pero bueno, la madre trabajaba y los chicos lo ven: alguien tiene que ganar el dinero para comer. Nada peor que decirle a un hijo: "vos sos igual a tu padre en esto o a tu madre en esto otro", porque eso es mandarlo al mismo lugar. Distinto en cambio de poder ubicar, por ejemplo como les decía hace un rato, que por ahí es un poco vago pero como él mismo, no como el padre.

P. Ramos: O por ahí está un poco vago, simplemente.

P. Factorovich: Claro! A eso me iba a referir ahora mismo. Porque otra cuestión que trae problemas muy serios es el tema del ser, articulado al asunto de que el momento de la pubertad suele hacerse superyoico para los padres. Por la relación a la preocupación que tienen de que el hijo vaya a cumplir con los ideales que ellos se trazaron para él o no. Y como nunca pueden cumplir con todos siempre va a estar en juego esa desilusión -cuando defina qué quiere hacer- y ahí empieza a tomar primer plano la cuestión del ser. Esto también acontece en la infancia, pero es más delicado en la pubertad.

Es en cambio muy aliviante para la angustia de los padres pensar que alguien pueda "estar" un poco vago no que "es" ¿no?. Por lo de lo genético. Porque si a alguien se le atribuye ya un "ser" es difícil salir de ahí, por eso cuando los padres consultan por una urgencia dicen: "él es un drogadicto", "es complicado". Una cosa es que alguien pueda tomar drogas en un momento de su vida o pueda tomar alcohol o pueda no estudiar. Y otra cosa es que eso ya constituya su ser. Si constituye su ser hay poco para hacer porque es lo mismo que decirle al otro: "usted es rubio, usted es morocho, o alto o bajo" ¿no? En ese sentido uno puede decir que alguien está de tal manera, no que es. Porque "ser" genera una situación muy angustiosa, por estar atrapado en una significación de la que no se puede salir; lo cual puede llevar -como decíamos antes- a pasajes al acto. Atrapado en una significación de la que no se puede salir fácilmente porque – como les decía antes - aún son los padres los que significan las cuestiones de los hijos. Esto también desencadena situaciones de urgencias.

Por otro lado, uno podría decir que si alguien eligió a ese cónyuge para tener hijos... ¿quién lo obligó? ¿por qué tramitar eso en la generación que sigue? ¿Por qué no tramitarlo donde lo tienen que tramitar? Que es: en uno mismo con su propio deseo o con el otro.

Y, por último, el tercer tema que les había adelantado para abordar era el tema del deseo, que no es un tema menor en el punto en el que en la pubertad se empiezan a jugar cuestiones de la sexualidad de manera particular. Pienso que la época de la pubertad es una época de opacidad en relación al deseo porque es una época de apropiación del deseo, es una época de definiciones y, por lo tanto, es opaco. No es que no le quieren decir a los padres qué quieren, es que no saben y ese tiempo de no saber es un tiempo que debe ser aceptado, confiando que eso va a devenir, que va a haber un movimiento de apropiación.

Es un momento de pruebas, ensayos, errores, en relación a la cuestión de la sexualidad. Ahora bien, la cuestión de la sexualidad puede ser tomada como un "peligro nacional" o como algo en donde el joven debe hacer su propio camino y los adultos ya hablaron. Entonces, acá viene la cuestión del secreto, que cada uno pueda mantener su privacidad. En este punto suelen ponerse muy paranoides los padres o las madres. A veces, en el caso de las mujeres es más acentuado que en el caso de los hijos varones porque con ellos puede estar en juego cierto ideal del "ganador". Pero para las madres y los padres de hijas mujeres suele ponerse muy complicada esta cuestión. Y más agudo puede tornarse el asunto si la forma de haber concebido a ese hijo tomó la figura de la adopción o hubo alguna complicación en el origen. Yo les decía en otra oportunidad, que la escena sexual repite la escena de origen, desde otro lugar.

Les voy a contar un caso muy breve: Viene un abuelo al equipo de adolescentes, a decir que viene por su nieta que es una chica de doce años que tiene una serie de problemas tremendos de conducta en el colegio, y él ya no puede más. Trabajando con él nos enteramos que de esta nieta no se sabía muy bien quién era el padre, porque su hija - que era la madre de la nieta - estaba casada con un señor del cual se separó (que es el supuesto padre de esta nieta) pero mientras se estaba separando tuvo una historia con el íntimo amigo de él - que resulta ser su actual marido - con el que tuvo otros dos hijos y, en realidad, no está muy claro quién es el padre. Esta información la tienen su hija, los dos presuntos padres y él. Cuando se empieza a investigar sobre esto aparece con claridad que la hija de él era adoptada pero que "no lo sabía", no lo sabía al modo de como son esos secretos a grandes voces. ¿Qué pasa? Cuando se empezó a hacer un juicio para saber quién era el padre de esta nena, se perdieron los análisis de ADN, todo se empezó a complicar porque aparecía el asunto del origen de la propia madre de esta chica.

El síntoma de la chica por el cual el abuelo consulta, entre otros muchos disturbios de conducta, era una cuestión sexual que él llamaba desenfrenada. ¿Vaya a saber qué sería eso, no? Pero, bueno, sea lo que sea era un exceso respecto de lo que él consideraba adecuado. Vale la pena prestarle atención porque está significado como excesivo. Creo que él hablaba de que se masturbaba y que tenía montones de chicos dándole vueltas todo el tiempo...

Es un ejemplo muy breve para decir que la escena sexual repite la escena de origen y, además, la repite en tres generaciones. Por eso en el edipo hay tres en el ángulo, al menos tres.

Les relato otra pequeña viñeta: una paciente - bastante complicada - se va de viaje y vuelve. Había mantenido relaciones sexuales por segunda o tercera vez en su vida con un africano en los Estados Unidos - sin cuidarse - y vuelve contagiada de HIV. Lo que se preguntaba la madre era: "¿cómo puede ser que se descuide en eso?" No importa el resto de la historia, hay explicaciones, uno puede inferir cosas pero lo interesante de esto es que la preocupación de la chica era: 1) si su novio lo sabía y no se lo había dicho o si él tampoco lo sabía - porque si lo sabía y no se lo dijo no la amaba y sino, sí la amaba - y 2) que ella había decidido que si se embarazaba con él lo iba a tener porque ella tenía muchas ganas de ser madre. Estas eran las preocupaciones de ella.

Entonces, cuando aparecen las cuestiones de la sexualidad y las posibilidades del armado en la escena sexual ¿cómo se accede a una escena sexual? ¿Qué forma va a tener? Ahí se ponen en juego una serie de cuestiones: los ideales, el deseo, el origen.

P. Ramos: Escuchándote, yo pensaba por ejemplo, que en tanto la escena sexual no esté estabilizada - eso vamos a trabajar durante el año en el seminario acerca del objeto ( 5), por eso me interesaba la cuestión de los ideales - los ideales van a suplir ese lugar.

P. Factorovich: A ver si funcionan...

P. Ramos: Claro, en ausencia de la estabilización de la escena sexual lo que funciona en el lugar del fantasma son los ideales. Por eso pienso que si se conmueven los ideales de manera fuerte puede producirse una desestabilización tal como podría producirse en el adulto una fuerte conmoción del fantasma.

P. Factorovich: ¿Qué van a trabajar Patricia, la lógica del fantasma?

P. Ramos: Vamos a trabajar en general el tema del objeto y en este punto en particular, la estabilización del "objeto a" en la pubertad, y. me acordaba, por ejemplo, de un chiste que contaba el año pasado Fukelman... algunos ya lo escucharon me parece...

P. Factorovich: ¿Kreplaj?

P. Ramos: No, ese también me parece que lo contó pero no, era otro...

P. Factorovich: Yo me cuido siempre de no contar siempre los mismos casos o chistes porque... (Risas)

P. Ramos: Sí, porque uno deschava la edad.

P. Factorovich: Y, sí. (Risas)

P. Ramos: Bueno, el chiste era más o menos este: parece que estaban dos niños o pre-púberes, jugando a la mamá y al papá, los dos hijos de madre y padre judíos, muy cultos, con mucha educación, estudiosos y no sé qué. Entonces, están jugando: "¿y ahora qué hago? Yo voy a trabajar y vuelvo y vos preparás la comida y ahora comemos y ahora te ayudo a lavar los platos y ahora miramos la tele y ahora yo me fumo la pipa y ahora me pongo los anteojos y ahora vamos a la cama... ¿y ahora qué hacemos? Y... hablamos idish" (Risas)

P. Factorovich: Claro, porque se pone en juego una pregunta sobre la cual no se puede responder aún.

P. Ramos: Claro! Porque ahí no hay cómo responder a esa pregunta más que con lo que tenga que ver, con algo del orden de los ideales. ¿Cuál fue la respuesta y que implica?: "Hablamos idish", es decir, algo que tiene que ver con el mito de origen pero desexualizado, en ese punto.

P. Factorovich: Cuando empieza la sexualización, este interjuego entre el deseo y los ideales se complican.

Voy a relatar un mínimo diálogo entre una mamá y una púber: la chica le cuenta que una amiga de ella "transó" en un baile, esto quería decir que se dio un beso de lengua con alguien, con un chico que no conocía. Entonces empiezan a hablar de eso y la madre le dice que en su época no era así, que en su época, por lo general, se transaba con los que eran novios, que ahora se transaba con cualquiera, etc. Y la hija le dice: "¡sí se transa con cualquiera.! Bueno, sí, es lindo, si te gusta" (Risas)

Entonces, la mamá le dice: "bueno, si ya que te gusta" - insistía la señora – "¿por qué no hacés que sea tu novio primero y después transás?". Entonces, la chica le dice: "Y si no se da?" (Risas)

La chica no entendía muy bien qué tenía que ver esta cuestión de gustar con esta cuestión formal del noviazgo. Ahí había en juego una cuestión deseante por supuesto, en una escena que es socialmente aceptable - porque tal vez esa mamá puesta en esa escena ahora, con trece años, también haría lo mismo. Ahí está este interjuego en la escena sexual entre una cosa y la otra: entre el deseo y los ideales. Con relación a todas estas cuestiones es que pueden aparecer: los ginecólogos, los neurólogos, las maestras, todos denunciando una urgencia. El asunto es poder ubicar qué de estas cuestiones está alterada y en qué punto lo está.

Y, básicamente, transmitir la cuestión de que la angustia puede tener un lugar, puede ser tramitada y que nadie muere de angustia. Que la angustia se tramita, lo mismo que la tristeza, lo mismo que los enojos, lo mismo que cualquier estado afectivo. Por eso cuando llegan los casos muy complicados con mucha gente en el medio uno podría decir... bueno, son mostraciones o son pasajes al acto, hay algo que no está siendo dicho. ¿De quién para quién? Sería como la primer pregunta para hacerse. ¿Qué es lo que está siendo mostrado? ¿A quién? ¿Qué es lo que no tiene un lugar? ¿De quién y para quién? Por eso digo que acá la complicación está en la relación con los otros primordiales, que en este tiempo, son los padres.

Me parece que ese es un buen modo para situar la urgencia, empezar a ubicarse en ese mapa. Respecto de la neurosis, ¿no sé si ustedes vieron alguna vez a un joven obsesivo descompensado? Es una cosa muy fuerte.

P. Ramos: Sí, puede parecer un psicótico incluso

P. Factorovich: Eso. Muchas veces se confunde la descompensación obsesiva con la paranoia. ¿Por qué? Porque lo que está en juego ahí es del orden del odio, entonces ese odio puede tener distintas tramitaciones. Y "eso" puede dar la sensación de urgencia, la sensación de que hay que hacer algo.

Con relación a la posición fóbica la angustia ante la muerte, las crisis de despersonalización fóbica, los cuadros vagales, taquicardias, transpiraciones, mareos...

P. Ramos: El pánico.

P. Factorovich: El pánico, etc. Todo eso se presenta como urgencia. Lo que está en juego ahí la cuestión de la muerte. En la neurosis obsesiva, en cambio es el deseo de muerte Y en otras situaciones puede que lo que esté en juego sea soportar esta caída del lugar fálico, eso también hace mucho ruido.

Por ejemplo, no era tan grave pero el caso de esta chiquita del colegio, si ella le hubiese podido decir a la madre: "me pasó esto, esto y esto, ¿cómo lo soluciono?" Hubiera sido una cuestión tal vez con otra resolución, pero lo que ella no soportaba era caer de ese lugar para la madre. Pueden aparecer situaciones graves cuando no se soporta en algunos rasgos, esa caída fálica.

Bueno, creo que hemos dado un pantallazo. ¿Quieren hacer comentarios, preguntas?

Pregunta: ¿Y qué de los chicos de las sectas?

P. Factorovich: La verdad es que no nos llegan frecuentemente esos chicos

Pregunta: Y qué de los chicos con intento de suicidio?

Comentario: Yo he visto unos casos...

P. Factorovich: Acá preguntan sobre el tema de los chicos de las sectas, y de los intentos de suicidio. ¿Llegaron así, por urgencia? ¿Y cuál era el motivo manifiesto?

Comentario: Yo me refiero a un chico que se pegó un tiro...El motivo de los padres era que la novia lo había dejado, entonces el chico intentó matarse.

P. Factorovich: ¡Ufffff que fuerte!! El pibe se pegó un tiro. ¿Y los padres dicen que el chico se mató porque la novia lo había dejado?. O sea algo parecido al "mal de amores".

P. Ramos: Bueno difícil de hablar ¿no? ¿hay algunos datos que nos permitan salir del silencio y de la angustia?(silencio). Bueno al menos constatamos en el cuerpo cómo la angustia y la ausencia de palabras van de la mano, ¿no?

Comentario: Me quedé pensando en la pregunta acerca de las sectas: que chicos de las sectas no llegan, y lo que vos planteabas con relación al tema de los ideales ¿Qué pasa con los ideales de los padres?.

P. Factorovich: Bueno, una cosa que hay que poder soportar en la pubertad de los pibes, es que hay un trabajo respecto de la apropiación de los ideales. Eso quiere decir que algo que ha sido transmitido por los padres, como decíamos hace un rato, hay que esperar que el púber se lo apropie a su manera, o sea que pueda decir: "esto lo tomo y esto no lo tomo" o "eso no funciona para mí". Este es un problema siempre porque los padres tienen que soportar que el hijo es un nuevo sujeto.

P. Ramos: Toca el narcisismo.

P. Factorovich: Exactamente, toca el narcisismo, ese es un punto. Después está el otro punto: muchas veces los chicos hacen como mostración - a mi gusto es al modo del acting - exageraciones de algún rasgo de los padres, incluso es tal la exageración que a veces ni siquiera es un rasgo. (¿Se acuerdan de esta diferencia que mencionaba antes entre transmisión y enseñanza?) No es algo que en los padres esté funcionando deseantemente sino que aparece como superyoico, como que "hay que", entonces, los chicos lo exageran. Muchas veces aparece eso y se ponen hiperreligiosos por ejemplo, y la respuesta a los padres es: "bueno, vos me lo enseñaste, no me vas a decir tampoco cuánto, no me vas a pautar tampoco la cantidad". De todas maneras esta cuestión de la religiosidad pone en juego la cuestión del padre. El nombre del padre es algo que también se conmueve en esta reedición del Complejo de Edipo. Tanto el tema del padre como el tema de la objetalidad están ahí todo el tiempo.

Que se ponga en juego el tema del padre lo que quiere decir es que muchas veces se les hace insoportable la caída de ese padre imaginario y lo que se busca es una exageración en lo simbólico de "El Padre" porque ese padre cae, no es más el padre de la infancia, el que todo lo sabe, el que todo lo puede (aunque no se haya presentado así, aunque se haya presentado como castrado). De todas manera, no hay forma de zafar de esto, cae de un lugar como padre imaginario y, muchas veces, esto está reemplazado por una actitud religiosa que viene a sostener esa cuestión. Muchas veces la unión con sectas y cuestiones religiosas vienen a ese punto.

P. Ramos: Me acordaba de ese punto en la pubertad, de máxima urgencia subjetiva, en el advenimiento de lo que Freud dice "las nuevas sensaciones corporales". Si uno se pone a pensar, a esta altura de la vida, está más o menos acostumbrado a vivir con ellas como puede. Pero en ese momento, en donde no se tiene ninguna significación, el "tengo ganas de correr"... o que de "ganas de correr" derive a "ganas de otra cosa"... reconozcamos que es un kilombo pasar por ahí. Si uno se pone a pensar en lo extraño de incorporar una sensación, advierte que no es tan sencilla. Puede sentirse como una urgencia.

Comentario: (Se hace una referencia clínica a una paciente de guardia que no hablaba hacía días y cuya mirada decía... "no creo nada de lo que me decís").

P. Factorovich: ¡Claro, la famosa urgencia pulsional! pero, me hiciste pensar en otra cosa que tiene que ver con el tema de las creencias.

Detrás de una creencia - ¿cómo lo podemos decir de manera sencilla? - hay algo del orden de la castración que no está funcionando bien, vamos a decirlo así. Entonces, que alguien diga: "yo no creo en nada" puede pensarse como que desde el Otro hay una cuestión renegatoria. Que alguien diga: "yo no creo en nada" puede querer decir que tuvo un estallido respecto de la significación porque en la renegación, con las dos corrientes funcionando simultáneamente (el sí y el no), se produce un estallido de la significación. Es decir: no hay acuerdos, "no creo en las pautas dialógicas necesarias, no voy a entrar en el acuerdo social de cómo se dialoga, no creo en el Otro". El Otro se le torna un otro tramposo, engañador, en forma permanente. Entonces, puede querer decir muchas cosas.

En ese sentido, el tema de las creencias es un tema para estar con las orejas bien abiertas porque en alg ún lado hay algo de la desmentida, de la renegación. Hay algo de esa índole: o bien del lado del Otro o bien del lado del sujeto.

Respecto de la emergencia pulsional, a ver si entendí bien a qué te referías, por ejemplo, ¿a no soportar las pulsiones?.

P. Ramos: Hasta que queda significado. Porque cuando queda significado ya puede quedar ubicado bajo alguna forma: "esto es algo horrible" o "esto es algo divertido" y se trabaja las veces que sea necesario. Pero hasta que esto alcance una significación hay un tiempo en donde el cuerpo es el máximo punto de extrañeza.

P. Factorovich: Bien, eso tiene que ver con la constitución de la escena fantasmática. La escena fantasmática - vamos a decirlo rápidamente - podemos llamarla como Freud la llamaba: "Realidad Psíquica". El fantasma organiza una manera de estar en el mundo. Y además, organiza cuál es el modo de desear de cada cual - vamos a decirlo así - y qué es lo que a cada cual, organizando en esa escena, lo va a calentar y qué no. Y fundamentalmente, es lo que hace que las cosas sean las cosas, es una máquina de significar. De hecho, para cada uno, en el universo individual de cada uno de nosotros, hay cosas que tienen sentido y cosas que nunca las pensamos, ni nos interesan, ni nos importan siquiera. Todo eso está dado por la organización fantasmática. Todo eso es lo que hace el fantasma.

Cuando el fantasma no está estabilizado - que es lo que pasa en la pubertad – ocurre que ciertas sensaciones no tienen una significación, no se sabe qué son, cómo se llaman, si son buenas, si son malas, qué hay que hacer con eso, etc, etc.

Y eso puede producir sensación de urgencia. Por eso digo que en este tiempo, es súper importante la significación que le viene del Otro. Importa mucho, si del Otro le viene: que eso es una cosa terrible, que es una urgencia o que no lo es y que ya se va a poder poner en palabras, que ya se va a pasar, etc. Yo insisto mucho en eso porque me parece que la sensación de urgencia en esta etapa es la de que "no hay tiempo". ¿Para qué? Para poner en palabras eso que pasa, cuando en realidad es una época en que las cosas deben ser puestas en palabras, en las palabras de cada cual organizadas por su escena fantasmática, por los significantes que vienen del Otro. Donde cada cual debe armar su propia manera de poder poner en palabras sus propias cosas.

Entonces, si encima de la dificultad propia de este tiempo, se le devuelve al pibe la idea de que no hay tiempo para poner en palabras las cosas, se aumentan los desequilibrios que son propios de la necesidad de estabilización fantasmática. Porque estamos en ese tiempo tan loco en donde "son grandes y son chicos" a la vez, no se sabe muy bien. Están en un mundo y en el otro mundo, hay momentos y momentos.

P. Ramos: Bueno, yo estoy convencida de que la idea de que "no hay tiempo", o más exactamente el estallido del tiempo, es propio de cualquier urgencia, pero creo que lo específico que estás aportando, además del modo en el que se juega ese sesgo en la pubertad, es que el analista, con sus intervenciones participa del armado de la escena sexual.

P. Factorovich: Exactamente.

P. Ramos: Porque no es sin estos significantes del Otro que se arma pero, a su vez, con alguna vuelta propia.

P. Factorovich: Exactamente, ese es el trabajo en la adolescencia. Por eso, muchas veces, las consultas o las urgencias se calman cuando, por ejemplo, un adolescente puede hacer una confesión de algo que le parece terrible que le pasó, que hizo, que sintió. Ya con eso y con que el Otro no se horrorice, y entonces se le pueda dar una vuelta a eso, se calma la cuestión. Porque lo que hay ahí es una necesidad de alojamiento de esa angustia. Por eso decía, están en juego las cuestiones del Nombre del Padre, las cuestiones de la ley, las cuestiones de los ideales.

A veces en una familia no hay ningún padre - aunque haya un papá. No hay nadie que pueda decir: "las cosas son de esta manera, o de tal otra y no son tan graves", porque están todos angustiados, porque están todos preocupados, porque la situación los conmueve a todos por igual y, entonces, así llegan en urgencia para que alguien diga: "¡bueh!, no pasa nada, las cosa tienen solución, las cosas son de este modo". Que alguien diga: "las cosas son como son" calma cuando se armó una especie de "tribu desorganizada".

Pregunta: Te quería preguntar sobre este caso que se mencionó antes, que fue bastante conmocionante porque fue un chico de quince años que se pegó un tiro. ¿Vos pensás que si él hubiese podido hablar de esto con alguien, sobre esto que le pasaba. Es decir, que la novia lo había dejado, ¿hubiese podido frenar esta situación?

P. Ramos: Bueno, por suerte ahora que pudo abrirse un tiempo, podemos volver a hablar sobre eso...

P. Factorovich: Si, qué bueno que dejar que el tiempo tenga lugar no? Entonces, la pregunta que ella hace es sobre este chico de quince años que se pegó un tiro, y cuyo relato – mención apenas - a todos nos dejó mudos. Y los padres dicen que es porque la novia lo había dejado. La pregunta que ella hace es acerca de si él hubiese podido hablar esa situación se hubiera podido frenar. Abro la pregunta, en general...

Comentario: No se pudo profundizar mucho.

P. Factororvich: Claro, la pregunta tiene una complicación. Porque no tenemos muchos elementos, casi ninguno. Ahí uno puede responder desde la teoría, no puede responder desde los dichos pero uno puede decir que sí, que absolutamente sí. Que no hay ninguna cuestión subjetiva que, dándole un lugar, no pueda ser tramitada, un poco y de alguna manera. El asunto es ¿por qué alguien reacciona pegándose un tiro cuando la novia lo deja? Ese es un modo de reacción, no es el habitual ¡por suerte! Porque sino estaríamos todos muertos. Porque ¿a quién no nos dejó alguien alguna vez?. Por ahí lo más interesante sería saber qué dijeron los padres después y cuál era la estructura familiar simbólica.

Comentario: No la querían a la novia.

P. Factorovich: Bueno, por ejemplo, uno podría decir - conjeturando, ¿no? - No había lugar para el deseo del hijo, los padres no querían a la chica. Pero el hijo la quería y desde la familia se le dice No, o se le hace la guerra, o no sé que. No hay lugar.

P. Ramos: Siguiendo con la conjetura, porque es un intento de tramitación de la angustia - nuestra al menos - podría ser que esa chica o las mujeres, ¡qué se yo! fueran a parar en esta familia a un lugar que puede ser dañino, peligroso, causa de daños y de muerte incuso.

P. Factorovich: Estoy de acuerdo. Y es más. Lo más probable que pase cuando los padres están en alguna de esas posiciones es que los chicos - en general - se encaprichan y más quieren. Pero, además, hay una cuestión que es la siguiente: el deseo pulsa, no está todo el tiempo. El inconsciente pulsa, abre y cierra. Entonces, uno tiene que confiar en que uno desea algo, después puede desearlo menos y después va a volver a desearlo. No se puede desear muchas cosas a la vez.

P. Ramos: Ni todo el tiempo.

P. Factorovich: Ni todo el tiempo, ni con la misma intensidad, creo que a ustedes les debe pasar. Tienen ganas de hacer esto, después ya no tienen más ganas pero tienen ganas de hacer lo otro y después vuelven ¿no? Esa es la dinámica del deseo.

Comentario: De cualquier manera, con este tema, como vos bien decís, se puede contestar genéricamente y sólo desde la teoría. Porque todo depende de con qué cuenta ese sujeto con relación a su estructura y además al momento de estructuración subjetiva en el que se encuentre, para poder decir que algo de la palabra, a la cual se le dé lugar, le permita tramitar. Tiene que haber , hay que contar con algo del sujeto que también pueda hacer algo con eso.

P. Factorovich: Sí, seguimos en el territorio de la conjetura. Del sujeto y del Otro. Y para sumar: ¿qué lugar tenía lo que a él le ocurría en el Otro? Porque estamos hablando de un joven, no estamos hablando de un adulto. ¿Qué lugar tenía lo que a él le ocurría, en el Otro real, concreto que está ahí, que le puede decir "sí", "no", "no salís", "sí salís", etc. ¿no?

P. Ramos: Estaba pensando en una situación de una chiquita que también entró en forma urgente, después ya se analizó - que también es un dato interesante. Pero llegó diciendo: "yo vengo, pero yo en esto no confío en nada". Esta chiquita se golpeaba la cabeza con las paredes, hacía estos ataques – digamos de excitación psicomotriz - lo que uno puede decir: es una situación urgente.

P. Factorovich: ¿Se golpeaba muy fuerte?.

P. Ramos: Sí, de hecho se golpeaba. No había mucha ciencia. El asunto es que vivía en dos ambientes: ella, la hermana – que como había intentado suicidarse hace unos años, estaba bajo una burbuja, no podía ni maullar el gato, ni ladrar el perro ni nada porque la hermana se sentía muy mal – el otro hermano, una abuela, la mamá, todos en dos ambientes.¡Ah!, y habían llegado unos primos también. Y ella estaba, entonces, con su equipo de música, con wokman, incluso, por toda la casa tratando de ver dónde podía escuchar un poco de música en paz. Cuando no lograba esto, empezaba a los gritos. No había puertas que sirvieran para algo, la abuela entraba a todas partes.. En todo este panorama la madre se quejaba de que se llevaba matemáticas y francés. En medio de todo ese batifondo, la chica tenía que terminar el secundario. Entonces yo decía: "tenemos que conseguir un escritorio para estudiar... o dimos matemáticas, dimos francés de cuarto y quinto pero ¿pasás con dos previas?". Digo, y digo.... ahí había una situación de urgencia. Podría uno decir, para esta niña que tenía diecisiete años en ese momento, pero además, del lado de la familia decían: "es tan loca como el padre y por eso reacciona así", no porque no tiene espacio.

P. Factorovich: "Es", además, no es loca como ella sino loca como el Otro. Y en relación a eso que nos sigue enmudeciendo y al mismo tiempo dando qué hablar... uno podría decir que ahí es evidente, de manera muy agrandada, cómo la sexualidad y la muerte están juntas: novia y suicidio juntos ¿no? Sexualidad y muerte van muy junto porque la escena sexual repite la escena de origen y trae la cuestión de la muerte. Es un modo dramático de poner esto que estamos diciendo en juego. No sabemos, por supuesto, si el joven que se suicidó, del que hablábamos era o no un psicótico, no sabemos pero sí sabemos que se juntó sexo y muerte..

P. Ramos: Bueno, estamos en hora. Patricia, muchas gracias.

Notas

(1) Lic. Patricia Factorovich. Psicoanalista, desarrolla su práctica en Buenos Aires, Argentina.. factorovich@fibertel.com.ar . (0054-011-4781-1060)

2 Los Duelos, aspectos estructurales y clínicos. Editado por la Comisión de publicaciones del Servicio de Psicopatología y Salud Mental y por irojo ediciones.

3 Referencia al Hospital Lanús, en la Pcia. de Buenos Aires

4 La angustia: Su razón estructural y sus modalidades clínicas. Editado por la comisión de publicaciones del servicio de salud mental del Htal. Ramos Mejía. Año 1999.

5 Clínica psicoanalítica, clínica del objeto. Editado por la comisión de publicaciones del servicio de Psicopatología del Htal. Ramos Mejía y por irojo ediciones. (en proceso de edición). Año 2000

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